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Chile: Defensa de la propiedad estatal o independencia de clase.




Por: Nicolás Campos-rebelion.org



         



   

 
   

“FEDERACIÓN DE TRABAJADORES DEL COBRE PARALIZARÁ CODELCO ANTE CUALQUIER INTENTO PRIVATIZADOR”1 Así, se titula la declaración que sacó este martes 28 de Julio la Federación de Trabajadores del Cobre, en respuesta a la propuesta de la UDI en torno a privatizar la principal empresa minera del país. Poco deja a la imaginación un título como […]

“FEDERACIÓN DE TRABAJADORES DEL COBRE PARALIZARÁ CODELCO ANTE CUALQUIER INTENTO PRIVATIZADOR”1 Así, se titula la declaración que sacó este martes 28 de Julio la Federación de Trabajadores del Cobre, en respuesta a la propuesta de la UDI en torno a privatizar la principal empresa minera del país. Poco deja a la imaginación un título como ese, es que, con tal de defender el carácter estatal de la empresa, los trabajadores están dispuestos a paralizar la misma.

No cabe duda de que una declaración de este tipo resulta del todo potente. No solo porque viene desde uno de los sectores más importantes de las y los trabajadores del país, sino que por el hecho de que una declaración de esta naturaleza evoca ciertos lugares comunes e ideas en los cuales la izquierda chilena y también mundial se formó. A saber, la idea de que las empresas estatales serían más progresistas o mejores para las y los trabajadores que las privadas.

De ahí, que seguramente, desde diferentes sectores de la izquierda chilena se haya visto con buenos ojos el llamado y la advertencia que realizan las y los trabajadores del cobre frente a la propuesta de la UDI.
A partir de lo anterior, es que resulta necesario poner en tensión estas ideas y situar la misma en una perspectiva centrada en el socialismo y la lucha de clases. Todo esto con el objetivo de discutir y plantear cuales son en realidad los intereses que una declaración como tal defiende y representa. Donde la posición que la presente nota tiene se encuentra lejos de quienes ven en las empresas estatales un elemento progresista y a defender en las condiciones actuales del país.

Pues bien, un primer elemento a tener consideración es el que las estatizaciones o nacionalizaciones realizadas en el marco del capitalismo en realidad no transforman las relaciones sociales de producción que imperan en este sistema, sino que, de hecho, las mantienen. Así, en lo que respecta a las relaciones de producción y el lugar que ocupan las y los trabajadores en las empresas estatales no varía en realidad con el que ocupan en una empresa privada.

Por otro lado, la posición en defensa del capital estatal, parte desde una visión equivocada respecto al carácter del Estado en el capitalismo, el cual resulta importante combatir. Es que la principal argumentación que suelen evocar las posiciones estatistas guarda relación con el hecho de que el Estado vendría a ser un representante del país en su conjunto, y que un fortalecimiento de este (o de sus empresas) vendría a significar mejores posibilidades y bienestar para todos y todas. Incluidos por supuesto, las y los trabajadores.

Sin embargo, el problema de esta visión es que asume que el Estado se encuentra desprovisto de intereses de clase. Cuando en realidad, el carácter de clase que el Estado posee en el capitalismo está fuertemente vinculado con los de la burguesía. Frente a la que el Estado se erige como “el capitalista ideal”, cuya labor no es más que organizar y encarnar las relaciones de producción y su reproducción.

Por lo que desde estos aspectos antes mencionados cabe preguntarse ¿Tiene sentido siquiera pensar en “defender la propiedad estatal de las empresas públicas” como versa la declaración de los trabajadores del cobre? ¿Tiene algo de progresista para las y los trabajadores del país el programa estatista que de aquí se extrae?

En virtud de lo anterior, es que no tiene mayor sentido defender los ánimos estatistas que con la crisis comienzan a salir y que lo más probable es que sigan proliferando con el pasar de los días. Hay que tener claro, por ende, que, en tanto capital, independiente de su forma, este continuará explotando. Por lo que ese capital, seguirá formando parte de la propiedad económica de la clase capitalista, aunque jurídicamente de la impresión o bien, no lo sea.

Por ende, resulta importante, no caer en el molino de la clase capitalista en cualquiera de sus variantes. Es que alimentar este tipo de posiciones lo único que hace es aportar en la pérdida de lo más valioso que las y los trabajadores tienen, como lo es, su independencia al ir en defensa de programas ajenos a los de su clase.




 
 

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