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Política: Suecia

Suecia y Finlandia abandonan su neutralidad y reconfiguran la seguridad en Europa.





Por : Carlos Decker-Molina Periodista boliviano radicado en Suecia.








           

   


 
   
 

Suecia consideraba que el no alineamiento militar era parte de su seguridad, pero el recrudecimiento de la guerra en Ucrania ha sido el motor del cambio; y Finlandia, luego de la guerra de invierno, contra Rusia, acrecentó su espíritu nacional bajo los principios de la democracia liberal.

Finlandia después de la Segunda Guerra Mundial y Suecia durante 200 años fueron dos países neutrales en el norte de Europa, pero ahora abandonaron el no alineamiento militar y formalizaron su solicitud de adhesión a la OTAN, en un nuevo mapa que reconfigurará la seguridad en Europa.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo en Bruselas que la solicitud de adhesión de Finlandia y Suecia es un paso “histórico”, aunque las candidaturas enfrentan la oposición de Turquía, un miembro clave de la Alianza Transatlántica. “Ustedes son nuestros socios más cercanos y su membresía en la OTAN aumentaría nuestra seguridad compartida”, añadió Stoltenberg.

También se refirió a ambos países como “socios de privilegio y muy cercanos a la alianza defensiva”. Ambos países participaron en varios ejercicios marítimos y aéreos ya en 2014, poco después de la invasión rusa a Crimea.

La neutralidad sueca (y la finlandesa) ya se vio disminuida con el ingreso de ambos a la UE; sus voces, en asuntos internacionales, dejaron de tener el peso que tuvieron en décadas pasadas, sobre todo la tesitura sueca de cara al llamado tercer mundo.

Un experto del Instituto de Política Internacional de Suecia dijo que “en la práctica Suecia y también Finlandia, se habían aproximado a la OTAN, bajo el principio de ni muy cerca que te quemes, ni muy lejos que te enfríes”.
Sin duda, como señaló la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, “todo ha cambiado desde el 24 de febrero”, cuando Rusia invadió Ucrania.

Finlandia

En Helsinki, los gobernantes y políticos son menos dramáticos que sus pares de Suecia. Tienen la experiencia de la “finlandización” a la que la mayoría de la población no quiere retornar porque significó callarse frente a la conculcación de los derechos humanos en la URSS. Sin embargo, la “finlandización” también sirvió a Occidente para saber, con una cierta objetividad, lo que en realidad pasaba al interior de la URSS.

Finlandia fue parte del Imperio Ruso y también fue parte de Suecia. Es un país que tiene mucho de eslavo y de escandinavo, pero, luego de la guerra de invierno, contra Rusia, acrecentó su espíritu nacional bajo los principios de la democracia liberal, la libertad, responsabilidad individual y las soluciones colectivas en asistencia social, la salud, la educación y la cultura. Su modernidad era una suerte de vitrina de cara a los soviéticos de la posguerra, que estaban a tres horas de tren de Leningrado a Helsinki.

Suecia

“Cuando Rusia invadió Ucrania la seguridad de Suecia cambió radicalmente”, dijo Andersson al explicar por qué su partido, el socialdemócrata, daba un giro de 180 grados al abandonar su política de no alineamiento militar. “Rusia no es el vecino que pensábamos que era”, dijo la primera ministra; ello implica que Rusia fue un vecino, si no bueno, confiable, en tiempos de la URSS.

Suecia no ha participado en una guerra desde los tiempos de Napoleón, aunque su neutralidad tuvo excepciones. Dejó pasar contingentes militares nazis en convoyes ferroviarios con destino a Oslo. Y sus relaciones con EEUU fueron malas durante la guerra de Vietnam.

Los finlandeses tienen el orgullo de su guerra de invierno. Para Nikita Kruschev, la victoria fue finlandesa, aunque la historia oficial diga lo contrario. Quizá lo correcto es decir que fue una victoria pírrica de la URSS.
Esa guerra influye aún en la opinión de sus habitantes. Hoy apoyan mayoritariamente el ingreso de su país a la OTAN.

La población de Suecia, hasta febrero de este año, consideraba que el no alineamiento militar era parte de su seguridad, pero el recrudecimiento de la guerra en Ucrania, la llegada de decenas de miles de refugiados de guerra y la actitud militarista de Putin han sido los motores del cambio.

Hoy, el apoyo al ingreso a la OTAN está cercano al 60%. Lo que sabe con exactitud es que el 17% está en contra. Esa oposición está expresada políticamente por los partidos de la Izquierda y el Verde, ambos votaron en contra, en el Parlamento sueco.

¿Qué pasa ahora?

Se debe esperar la aprobación de los 30 parlamentos de los miembros de la OTAN, lo que implica un proceso largo que puede durar entre 6 y 12 meses.

El gobierno de Tayyip Erdogan de Turquía ha dicho que vetará el ingreso de ambos países nórdicos. Erdogan nunca ha sido muy amigo de Suecia, porque acoge como refugiados a los kurdos, que, para el Gobierno de Ankara son “terroristas”.

El presidente de Finlandia habló por teléfono con Putin con el fin de hacer conocer la decisión de su país. Según las declaraciones de Sauli Niinistö, muy sorprendido por la calma de Putin, dijo que el ruso calificó de “error” la resolución finesa de pedir su ingreso a la OTAN. “No somos enemigos”, habría recalcado. Niinistö aclaró que no hubo amenazas, pero, “nunca se sabe con el vecino que tenemos”.

Putin, rodeado de su Estado Mayor dijo: “Ni Suecia y ni Finlandia son enemigos, su alineamiento en la OTAN implica que tendremos más atención”.

Dmitri Peskov, el portavoz del Kremlin, también bajó el tono: “Es un tema muy serio que genera nuestra preocupación y lo seguiremos con mucho cuidado”.

Dinamarca y Noruega son países de la OTAN que no tienen armas nucleares en su territorio. Suecia y Finlandia pretenden seguir ese ejemplo. Hay quienes señalan que no será posible.

Los cambios estratégicos en el norte de Europa se están produciendo con rapidez inusual. Mañana pueden llegar los pesares o las satisfacciones. Putin no es eterno y Trump puede volver al Gobierno de EEUU.

¿Qué implica el ingreso de un país a la OTAN?

Según un análisis de CNN, la razón por la que la mayoría de los países se unen a la OTAN es el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que estipula que todos los firmantes consideran que un ataque contra uno es un ataque contra todos.

Ese artículo 5 ha sido la piedra angular de la alianza desde que se fundó la OTAN en 1949 como contrapeso a la Unión Soviética.

El objetivo del tratado era disuadir a los soviéticos de atacar a las democracias liberales que carecían de fuerza militar. El artículo 5 garantiza que los recursos de toda la alianza pueden utilizarse para proteger a cualquier nación miembro, como los países más pequeños, que estarían indefensos sin sus aliados.

Carl Bildt, exprimer ministro sueco, dijo a CNN que no cree que se construyan nuevas grandes bases militares en ninguno de los dos países en caso de que se unan a la OTAN. Dijo que la adhesión a la alianza probablemente significaría más de entrenamiento y planificación militar conjunta entre Finlandia, Suecia y los 30 miembros actuales de la OTAN.

“Habrá preparativos para contingencias como parte de la disuasión de cualquier aventura que los rusos puedan estar pensando”, dijo Bildt. “El cambio real va a ser bastante limitado”.

Rusia y la OTAN


Vladimir Putin ve la alianza como un baluarte dirigido contra Rusia. Antes de que Putin invadiera Ucrania, dejó clara su creencia de que la OTAN se había acercado demasiado a Rusia y que debía retroceder a sus fronteras de la década de 1990, antes de que algunos países vecinos de Rusia o ex Estados soviéticos se unieran a la alianza militar.

El deseo de Ucrania de entrar a la OTAN, y su condición de socio de la OTAN -considerada como un paso en el camino hacia una eventual adhesión plena- fue uno de los numerosos agravios que Putin citó en un intento de justificar la invasión al país vecino.

Pero la guerra en Ucrania ha dado a la OTAN un nuevo propósito.“El artículo 5 ha vuelto al juego, y la gente entiende que necesitamos a la OTAN debido a una potencial amenaza rusa”, dijo Alexander Stubb, exprimer ministro finlandés, en una entrevista con CNN antes de la invasión.

Garantía de seguridad


Ambos países ya cumplen muchos de los criterios de adhesión, que incluyen tener un sistema político democrático que funcione y se base en una economía de mercado; tratar a las poblaciones minoritarias de forma justa; comprometerse a resolver los conflictos de forma pacífica; tener la capacidad y la voluntad de contribuir militarmente a las operaciones de la OTAN; y comprometerse a mantener relaciones e instituciones civiles y militares democráticas.

Mientras tanto, ambos países tendrán que confiar en sus actuales aliados y socios para obtener garantías de seguridad, en lugar del artículo 5. Suecia y Finlandia han recibido garantías de apoyo por parte de Estados Unidos y Alemania en caso de ser atacados, mientras que el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, ha firmado esta semana acuerdos de seguridad mutua.

La invasión rusa a Ucrania fue la gota que colmó el vaso y empujó a Suecia y Finlandia a apretar el gatillo de la adhesión a la OTAN.

Si el Kremlin estaba dispuesto a invadir Ucrania, un país con 44 millones de habitantes y unas fuerzas armadas de 200 mil efectivos, ¿qué impediría a Putin invadir países más pequeños como Finlandia o Suecia?
Según la primera ministra finlandesa, Sanna Marin, “la mentalidad de la gente en Finlandia y también en Suecia cambió y se desplazó de forma muy dramática”, tras la invasión rusa.

Funcionarios tanto de Suecia como de Finlandia también han expresado su frustración por el hecho de que, en el periodo previo a la guerra en Ucrania, Rusia intentara exigir a la OTAN garantías de seguridad para que la alianza dejara de expandirse hacia el este. Sin embargo, tal concesión habría dado a Rusia el poder de dictar la política exterior de sus vecinos, quitándoles la capacidad de elegir sus propios aliados y socios.
Rusia, según declaró el ministro de Defensa sueco Peter Hultqvist a CNN, quiere “una influencia real en las decisiones de seguridad en Europa”. “Quieren una influencia sobre los países vecinos. Y eso es totalmente inaceptable para Suecia”.












 

 


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